Relatos porno de prostitutas prostitución

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Gerardo y yo nos hicimos novios en la preparatoria y cuando pasamos a profesional fue la primera vez que tuvimos sexo; en general fue bastante bueno, él me hacía llegar al orgasmo y me decía que le gustaba mucho como se lo hacía yo.

Todo iba bien hasta que noté que Gerardo comenzaba a fijarse mucho en otras chicas estando yo presente; en varias ocasiones le reclamé y él se disculpó en todas esas ocasiones y yo, como estaba enamorada y muy tonta, lo perdoné siempre.

Ese fin de semana Gerardo y yo íbamos a ir al cine y luego a cenar y al final de seguro terminaríamos en la cama como casi siempre. Me vestí con mi nuevo vestido, me arreglé y peiné a la moda, pero de verdad parecía prostituta. Una vez en la calle los chiflidos y las palabras obscenas no dejaron de escucharse por donde yo pasaba; todos los hombres parecían perros, aullaban, silbaban y gritaban como enajenados; hasta me dio un poco de miedo cuando unos chicos me empezaron a seguir; pero afortunadamente solo me dijeron algunas obscenidades y se largaron.

Para colmo de males, el micro iba hasta el tope y como los â?? Me bajé del micro sumamente enfadada con todos los hombres. Decidí esperar a mi novio a ver a que hora llegaba. La gente me veía como si de verdad fuera una prostituta, unos con recelo, otros con morbo; hasta un auto con tres tipos se detuvo a preguntarme cuanto cobraba; como no le hice caso, me dijeron de groserías y se fueron.

Lo malo es que los hombres que pasaban seguían molestando. De nuevo intenté llamar a Gerardo pero otra vez la misma grabación; para relajarme un poco me distraje viendo los aparadores y así no haría caso tampoco de los hombres que me seguían diciendo muchas cosas y de los autos que se paraban a verme, de todos modos los escuchaba pero decidí no hacer caso. Por eso cuando escuché que una voz de hombre a mis espaldas decía: Volteé dispuesta a cachetear al tipo, pero vi que era el mismo policía que unos minutos antes me había dicho que no podía trabajar allí.

Les volví a decir que yo solo estaba esperando a mi novio, pero ellos me dijeron que me callara y que como no les hice caso, me llevarían a los separos; todavía les dije que eso era un atropello y que en cuanto pudiera los iba a denunciar a sus jefes o a derechos humanos. Uno de ellos me dijo que me callara o me harían arrestar por desacato.

Hicieron ruido con la sirena y un policía abrió al portón, entramos y vi que era una especie de bodega vacía; había otras dos patrullas estacionadas a un lado y supuse que estaríamos en los mentados â?? Nos detuvimos y los polis se bajaron; otros cuatro policías se acercaron y saludaron a los que iban conmigo; luego el que me había subido a la patrulla regresó y me abrió la portezuela; me ordenó bajarme y lo hice, notando como todos ellos miraron hacia mi entrepierna cuando salí de la patrulla.

Le dije que no me importaba, pero que me llevaran a donde fuera necesario. Ellos empezaron a ponerse serios y uno me dijo: Me quedé perpleja de escucharlo, pero pensé que la primera opción era mejor, de todos modos estaba sola con esos seis tipos que se decían representantes de la ley y en cualquier momento podrían hacerme algo; así que respondí: A ver, primero date una vuelta, queremos verte bienâ?

Abrí la boca e introduje el falo del individuo en ella; cerré los ojos y lo chupé como Gerardo me había enseñado; escuché unos gritos como de triunfo de los policías y al que se lo chupaba comenzó a gemir y a decirme: Una vez que el individuo terminó, me hicieron moverme hacia la derecha, donde ya otro me esperaba con los pantalones abajo y su falo erecto; tuve que hacer el mismo trabajo que con el anterior, le chupé el falo hasta que se vino y luego pasé al siguiente; pensé que si se los tenía que chupar a los seis para que me dejaran libre, sería sencillo; aunque ya la quijada se me empezaba a cansar.

Uno de ellos se acercó a mí y me ayudó a levantarme; empezó a quitarme las esposas y supuse que ya me dejarían ir; pensé en quede inmediato le hablaría a Gerardo, pues mientras yo chupaba un falo escuché sonar mi celular desde la bolsa. Pero cuando él terminó de quitarme las esposas me dijeron: Me les quedé viendo sin saber que hacer, les dije que no y el que siempre hablaba me dijo: Quítatela ahora o te la quitamos nosotros putaâ?

Deseé con toda mi alma que solo quisieran verme desnuda y que se conformarían con eso. Empecé a desvestirme despacio; me quité el vestido mientras ellos aplaudían y casi babeaban.

Quedé en ropa interior y me dijeron que me la quitara también; les pedí que ya me dejaran ir y uno de ellos dijo: Ya estuvo, muchachos encuérenla y llévenla así a la delegación; dicen que así la encontraronâ? Me desabroché el sostén y lo dejé caer al suelo junto con el vestido; con un brazo me tapé los senos mientras me quitaba los zapatos y las medias; ellos ya no hacían ruido, pero noté sus miradas morbosas sobre mis curvas.

Los miré tratando de que se apiadaran de mí, pero sus miradas frías me decían lo contrario; solo me quedaba la mini tanga que me había puesto para que Gerardo se emocionara; pero al verlos supe que también me la tendría que quitar. Choqué contra la pared; me arrinconaron y uno de ellos me mostró unas esposas. Al principio sentí un poco de dolor, pero poco a poco se fue transformando en placer.

Fueron varios minutos que él estuvo con su mete-saca que me hizo sentir un placer mayor al que yo había sentido con Gerardo.

Unos momentos después, yo estaba a punto de venirme cuando el poli con un gran grito soltó sus descargas de semen dentro de mí. Lo irónico del asunto es que yo ya estaba deseando que el siguiente entrara, para poder terminar y aunque sabía que los seis iban a pasar por mí, en ese momento el placer dominaba todo mi ser, detal manera que cuando el siguiente me penetró empecé a moverme al mismo ritmo que él para poder venirme.

Unos minutos después lo logré; por fin tuve un profundo y delicioso orgasmo que me hizo sentir que valió la pena el haber satisfecho a los polis. De nuevo me mordí los labios, pero esta vez para que no escucharan mis gritos de dolor. No se detuvieron, el poli entró y salió de mi durante un buen tiempo hasta que también soltó toda su leche dentro de mí. Todos se vinieron dentro de mí y mi vagina quedó muy rozada; me ardía bastante cuando ellos me quitaron las esposas.

Les pregunté que hacían y me dijeron que ya nos íbamos, pero que me sacarían de allí como llegamos. No quedé muy convencida, pero tuve que aceptar sus argumentos.

Me callé, pero seguí nerviosa. No me quitaba los ojos de las tetas y a mi no me molestaba nada. El champan empezaba a desinhibirme y ya no me molestaba lo mas mínimo que me mirara las tetas, ni cuando me rodeó la cintura con su brazo.

Tenemos marisco, ya sabéis que es afrodisíaco. Que te entra un hormigueo aquí — puso su mano en mi entrepierna. Te sube un calorcito desde aquí, pasando por las tetas, los pezones se ponen duros — seguía la explicación con sus manos, para que pudiera entenderlo bien. José hijo y Tina seguían dale que te pego, José padre me ayudó a sentarme, yo tenía que subirme el vestido, porque con lo estrecho que era no podía casi ni moverme.

Me quedaron los muslos casi completamente al descubierto y ahí estaba el conde sin perder detalle. Ahora se estaban repartiendo las ostras y jugueteando con ellas en los labios de Tina, le pasaba la ostra por los labios y ella la lamía con la puntita de la lengua y después se la daba a él. Me acercó una a la boca y se le cayó, justo en el canalillo. Huy perdona, y sin darme tiempo a pensar me metió la mano entre las tetas con la excusa de recuperar el marisco. No tuvo mucha suerte en la pesca porque tardó muchísimo en encontrarla y no desperdició la ocasión de sobarme las tetas y pellizcarme los pezones.

Me estaba poniendo muy caliente, ahora entendía lo del afrodisíaco. Ahí estaba Tina con la falda por la cintura, el culo en el frio cristal y las piernas bien separadas. Claro que su hijo le estaba atacando el coño e Tina a lengüetazos y parecía que la estaba llevando al séptimo cielo.

A mi no me parecía que estuviera muy cómoda, ahora tenía la polla del condecito en la boca y no parecía que pudiera respirar muy bien. Pero el conde me dejó casi en pelota picada en un santiamén.

Ya estaba desnudo y menuda tranca, debía ser de aristócrata. Se la estaba manoseando y me acercó a la boca — — No, no, yo no hago esas cosas. Tina se volvió hacia mí dejando la faena un momento, los dos se me acercaron y entre los tres empezaron a meterme mano. El condecito empezó a besarme, vaya lengua, el conde se dedicó a mis tetas y Tina se amorró al pilón y empezó a trabajarme los bajos, a los cinco minutos cambié la lengua del hijo por la tranca del padre, sin casi darme cuente y empecé a comérmela con verdadera devoción.

Y yo como una tonta chupa que te chupa, tenía unas ganas locas de que me jodiera y me sorprendía a mi misma gritando — — Fóllame ya, métemela de una vez — — Eso es lo que quería yo, que me lo pidieras, tómala toda…. Me tiró en la alfombra, con un cojín bajo el culo, para levantar la pelvis y facilitar la penetración, apuntó su capullo y empezó a empujar, sin prisa pero sin pausa. Sentía como si me estuvieran quemando las entrañas,. Mientras tanto el condecito le estaba dando por culo a Tina, que manera de apretarle las tetas, con una mano le tiraba del pelo y con la otra le estrujaba la teta, como se cimbreaba con sus embestidas, hasta que se corrió en sus nalgas… El condecito me miraba con lujuria.

Te voy a echar un polvo de campeonato, Lolita… — — De cambiar nada, tiene agujeros para los dos… dejaremos que Tina descanse, le das unos tutes que no veas.

Se pasaron como una hora y al final me follaron los dos, el condecito pretendía darme por culo pero el padre le dijo que tiempo habría de inaugurar la segunda vía…. Salimos de la casa de madrugada, escocidas y hechas polvo, pero con un buen fajo de billetes, mi primer sueldo, ahora ya sabía cual era la profesión de Tina y parecía que yo me había graduado con buena nota. Ya en el coche me dijo. Ya ves, si te gusta follar, con tu cuerpo puedes ganar una fortuna, vente conmigo a la capital y nos haremos las reinas.

Cuando acabó el verano nos fuimos juntas y yo ya no volví mas al pueblo. Me dediqué a mi profesión con absoluta dedicación, pero eso ya es otra historia….

Me dijo que la acompañara a su casa que me dejaría ropa. En su coche llegamos en un momento. Vaya cantidad de ropa. De color azul eléctrico, me lo enfundé y realmente era como una segunda piel. Muy puesto él nos dijo: Menudo sinvergüenza, pero la verdad es que no me molestaba.

Tina, siéntate en la mesa y enséñanoslo. Se la estaba manoseando y me acercó a la boca — — No, no, yo no hago esas cosas Tina se volvió hacia mí dejando la faena un momento, los dos se me acercaron y entre los tres empezaron a meterme mano.

relatos porno de prostitutas prostitución El me empujo hacia ella y le empecé a chupar su clítoris mientras ella le mamaba la tranca a el. Por eso cuando escuché que una voz de hombre a mis espaldas decía: Soy una modelo en mis ratos libres y soy sumamente elegante y discreta. Escuché que la puerta se cerró y volteé por encima de mi hombro; vi a los dos polis que habían entrado con el Lic. Claro que su hijo le estaba atacando el coño e Tina a lengüetazos y parecía que la estaba llevando al séptimo cielo. Me detuve un momento para quitarme mi camisa y coloque mis manos en sus tetas. Entonces tome un taxi que me dejo a unas prostitutas romanas prostitutas montera madrid y me dirigí caminando hacia la calle donde estaban todas las prostitutas.

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La invite a mi cuarto y la senté en mi cama. No me sonaba de nada, pero me pareció violento negarme siendo el padre de uno de mis alumnos, así que le conteste:. Supongo que en el interior de la mayoría de mujeres existe en secreto un morboso pensamiento, que es el saber lo que sienten las prostitutas de la calle al estar con varios hombres diferentes y que te paguen por tener sexo. La vida en el pueblo era muy aburrida y yo me pasaba todo el tiempo soñando con relatos porno de prostitutas prostitución y ver mundo. Gracias por sus comentarios!!! La Jesusa ya no se llamaba así, se hacía llamar Tina y cada año venía mas elegante, con mas joyas y un coche mas llamativo. Imaginar que eso les prostitutas desnudas en calle ramera etimologia todos los días me excitaba de una forma extraña pero deliciosa.

Empecé a desvestirme despacio; me quité el vestido mientras ellos aplaudían y casi babeaban. Quedé en ropa interior y me dijeron que me la quitara también; les pedí que ya me dejaran ir y uno de ellos dijo: Ya estuvo, muchachos encuérenla y llévenla así a la delegación; dicen que así la encontraronâ?

Me desabroché el sostén y lo dejé caer al suelo junto con el vestido; con un brazo me tapé los senos mientras me quitaba los zapatos y las medias; ellos ya no hacían ruido, pero noté sus miradas morbosas sobre mis curvas. Los miré tratando de que se apiadaran de mí, pero sus miradas frías me decían lo contrario; solo me quedaba la mini tanga que me había puesto para que Gerardo se emocionara; pero al verlos supe que también me la tendría que quitar. Choqué contra la pared; me arrinconaron y uno de ellos me mostró unas esposas.

Al principio sentí un poco de dolor, pero poco a poco se fue transformando en placer. Fueron varios minutos que él estuvo con su mete-saca que me hizo sentir un placer mayor al que yo había sentido con Gerardo. Unos momentos después, yo estaba a punto de venirme cuando el poli con un gran grito soltó sus descargas de semen dentro de mí. Lo irónico del asunto es que yo ya estaba deseando que el siguiente entrara, para poder terminar y aunque sabía que los seis iban a pasar por mí, en ese momento el placer dominaba todo mi ser, detal manera que cuando el siguiente me penetró empecé a moverme al mismo ritmo que él para poder venirme.

Unos minutos después lo logré; por fin tuve un profundo y delicioso orgasmo que me hizo sentir que valió la pena el haber satisfecho a los polis. De nuevo me mordí los labios, pero esta vez para que no escucharan mis gritos de dolor. No se detuvieron, el poli entró y salió de mi durante un buen tiempo hasta que también soltó toda su leche dentro de mí.

Todos se vinieron dentro de mí y mi vagina quedó muy rozada; me ardía bastante cuando ellos me quitaron las esposas.

Les pregunté que hacían y me dijeron que ya nos íbamos, pero que me sacarían de allí como llegamos. No quedé muy convencida, pero tuve que aceptar sus argumentos.

Me callé, pero seguí nerviosa. Hubiera querido tomar mi celular y llamar a Gerardo, pero mi bolsa estaba en el piso de la patrulla y el teléfono adentro; era imposible sacarlo. Un poco después llegamos a un edificio donde había varias patrullas afuera; nos estacionamos y ellos bajaron; uno me abrió la puerta y me sacó mientras otros polis que estaban allí les decían: De nuevo todos los hombres me miraron con morbo mientras el poli me abrió paso hasta un mostrador y allí nos detuvimos.

Un señor casi pelón, flaco, chaparro y con unas gafas que se sostenían de su prominente nariz con traje y sin corbata se levantó de un escritorio y le preguntó al poli: Con la novedad, Licenciado que encontramos a esta prosti ejerciendo en lugar prohibido; se le recomendó apartarse del lugar, pero en cuanto nos alejamos volvió a la esquina y tuvimos que traerla; se resistió al arresto y utilizó palabras altisonantes en contra de mi pareja y yoâ? Mientras el decía todo eso, el tal Licenciado me recorría de arriba abajo con la mirada y no disimulaba su morbo, deteniendo su vista en el escote de mi pecho y luego viendo mis piernas, también durante la letanía del poli intenté hablar para explicar que todo era mentira, pero el tal licenciado me hizo señas de que me callara.

Obedecí esperando que cuando terminara el poli me dejaran hablar a mi. Pero cuando el poli terminó, el licenciado le dijo: El Licenciado me barrió de nuevo con la mirada y dijo: Pues métela en los separos 72 horas para que se le quite andar de desobedienteâ?

Tuvieron que llegar otros tres polis y solo de esa manera me sometieron y me pudieron llevar casi a rastras. Me aventaron en una celda muy pequeña de cemento, solo había una saliente de la pared que hacía las veces de cama, también de cemento y un foco de luz amarillenta que medio iluminaba el lugar.

Uno de los polis me quitó las esposas y salió; cerraron una pesada puerta de metal que solo tenía una pequeña rendija que se abría desde afuera. En cuanto se fueron golpeé la puerta exigiendo que me dejaran salir, pero nadie respondió. El olor del lugar era espantoso, una mezcla de sudor y orines era lo que se sentía, casi me vomito de la pestilencia.

Cansada de todo lo sucedido, me senté en el camastro de cemento y comencé a llorar de impotencia ante la prepotencia y bajeza de los policías; no supe a que hora fue que me quedé dormida. Desperté cuando escuché el ruido de la pesada puerta que se abría; entró el Licenciado que me había mandado a ese inmundo lugar, aun me encontraba amodorrada cuando el empezó a hablar, me dijo: El Licenciado se me quedó viendo y me dijo que me arrepentiría de mi decisión; salió y de nuevo azotaron la puerta.

Unos segundos después, el Licenciado entró de nuevo, pero esta vez acompañado de dos policías diferentes a los que me habían llevado a la estación; cerraron la puerta y el Lic. Ya ves puta, si es tu trabajo del diario, no sé porqué te haces la inocenteâ? Era irrelevante lo que yo decía mientras gritaba por el dolor que me infringía el tipo, él seguía entrando y saliendo y diciendo cosas que yo ya no escuchaba.

De repente se detuvo y se salió; pensé que ya había terminado, pero luego me di cuenta de que introducía algo delgado en mi ano, creo que era un dedo; empecé a decirle que por allí no lo hiciera, que tuviera piedad, pero él me dijo que me aguantara o sería peor y que había dejado pasar mi oportunidad cuando el me lo pidió por las buenas.

El tiempo se me hizo eterno y su movimiento no cesó hasta que sentí como su líquido caliente entraba en mis entrañas con fuerza, el Lic. Allí se las dejoâ? Escuché que la puerta se cerró y volteé por encima de mi hombro; vi a los dos polis que habían entrado con el Lic. Ellos reían y se burlaban de mí diciéndome que si yo era una prosti porque me hacía del rogar y que apenas era el principio. El otro poli no me soltó hasta asegurarse que me había tragado el semen de su compañero; luego, me sentaron en el camastro y me hicieron abrir las piernas, todo el tiempo estuve gritando que me dejaran en paz, pero casi de inmediato el otro poli se acomodó y me penetró en esa incómoda posición sin darme tiempo a nada.

Empezó su mete-saca con fuerza haciéndome llorar por la salvaje violación. Al cabo de 15 min. Sin decir una palabra le entregue el dinero en efectivo al Pimp y hice pasar a Adriana. Le ofrecí unos tragos de whiksy y me ofrecí a darme el gusto de verla. Tenía puesto un vestido corto color negro y unos tacones no muy altos para una puta de un mismo color. Se veía que solo se la pasaba con ricachones hijos de puta como yo.

La invite a mi cuarto y la senté en mi cama. La bese y sentí sus labios fríos, sin sentimientos. Me coloque encima de ella mientras que ella cruzaba sus piernas a mi espalda. Me empujaba, me deseaba.

Me detuve un momento para quitarme mi camisa y coloque mis manos en sus tetas. Le quite su vestido y ella me quito el pantalón, ella tocaba mi pene estando aun dentro del bóxer. Lo hice hasta que se derritió por completo, tome otros pedazos de hielo y se los coloque en sus senos. Estaban muy excitados no había la menor duda, toque su sexo y estaba muy mojada. Me dispuse a hacerle sexo oral, quería excitarla, quería que supiera que yo era el que me la estaba cogiendo y no ella a mí.

Ella movía su cintura y hacia gemidos, al primer gemido le di una nalgada en el culo y le dije que se callara o iba a despertar a los vecinos. Ella se movía y yo me tragaba todos sus líquidos con mucho placer.

Te has portado muy mal Adriana te voy a joder bien jodida ahora. Pero por el culo muévete- dije yo mientras que la ponía en cuatro. Tome un poco de mi whisky, me puse un poco de lubricante que tenía cerca de la cama y me dispuse a ponerle un poco de lubricante en el culo.

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